• Martha Alles

Algo finaliza. Algo comienza. Lo efímero. Lo perdurable. Una estrella fugaz. Una luz duradera.

Los fines de año son propicios para reflexiones y pensamientos diversos… Miradas positivas. Miradas negativas. Todo es posible.

Qué vendrá… como si pudiésemos predecirlo o presentirlo.

Quiénes seguirán con nosotros. Quienes quedarán en el camino. Los amores, los amigos, los jefes, los compañeros…

Qué tenemos hoy y qué tendremos dentro de un año.

A veces nos sentimos ilusionados, a veces tenemos miedo. Otras veces incertidumbre. Otras veces no sentimos nada.


CANCIONES Y AMOR

Sobre fines de los ‘50 una canción muy popular por aquellos años imaginaba una realidad muy especial, decía “Ignorada marcianita, aseguran los hombres de ciencia que en 10 años más, tu y yo estaremos tan cerquita que podremos pasear por el cielo y hablarnos de amor”, para concluir en un estribillo “en el año 70 felices seremos los dos”.

La canción se llama “Marcianita”, su autor, Billy Cafaro, tuvo su época dorada a fines de los años cincuenta. En la actualidad se lo considera como uno de los pioneros del rock argentino y objeto de culto.

¿Habrá sido feliz? No lo sabemos, pero en todo caso, no con una marcianita.


OH, LA TECNOLOGÍA

Un poco más acá en el tiempo. La llegada del nuevo siglo. Desde varios años atrás se especulaba con un problema que no fue…

El problema del año 2000 o efecto 2000, se conoció como Y2K ( Y=year o año, 2=dos y K=kilo o 1.000). Consistía en el error del milenio, un error de software o problema informático causado por la supuesta costumbre que habían adoptado los programadores al omitir la centuria en el año para el almacenamiento de fechas, con el propósito de economizar espacio o uso de memoria. De ese modo se suponía que el software solo funcionaría para aquellos años que comenzaran con 19.

Recuerdo los programas de prevención y las cuantiosas inversiones realizadas por las empresas para estar preparados frente a esta contingencia. Se decía que incluso dejarían de funcionar equipos aparentemente mecánicos como los que hacían una radiografía.

La noche del 31 de diciembre de 1999 al 1 de enero de 2000, muchos de nosotros, estuvimos inquietos y algo preocupados. Sin embargo, no pasó gran cosa. ¡Por suerte!

Un poco después, otro problema del cual no se hablaba y/o se hablaba menos, sí ocurrió.

“Burbuja puntocom” es un término que se utilizó para referirse al período de crecimiento en las cotizaciones de las empresas vinculadas a Internet.

El crecimiento exponencial de los valores de estas compañías, de algún modo, fuertemente especulativo y sin fundamentos técnicos, ocurrió entre 1997 y 2001. Durante este período, las bolsas de valores occidentales vieron un rápido aumento de su valor debido al avance de las empresas vinculadas al sector de Internet, que comenzó a llamarse la nueva economía. Al pasar el tiempo, muchas de estas empresas quebraron o dejaron de operar.

A efectos de tomar una dimensión del tamaño de la crisis, el índice NASDAQ (bolsa de valores electrónica de Nueva York) llegó en marzo del año 2000 a cotizar por sobre los 5000 puntos, llegando en poco tiempo a cotizar a 3500, y en octubre de 2002 su valor era de aproximadamente 1300 puntos, situándose en valores similares a los de diciembre de 1996.


TAMBIÉN LAS NUEVAS GENERACIONES

Cuando en los primeros años del siglo XXI se comenzó a hablar de los millennials, también surgió la idea de la Generación 2020 -también denominados centennials- (Meister, Jeanne C.; Willyerd, Karie. The 2020 Workplace. Harper Business, HarpersCollins Publishers, Nueva York, 2010.)

Parecía que faltaba mucho, que los “generación 2020” aún eran niños, como imaginarlos en el mercado laboral. Sin embargo, el 2020 ha llegado, los centennials ya están aquí.


LO QUE TENEMOS. LO QUE SOMOS


Miremos bien lo que tenemos. Lo perdurable.

Los amores entrañables. Y no me refiero sólo al amor de pareja, pienso también en los amigos y familiares que conforman el grupo de nuestros afectos sólidos.

Incluyamos en la mirada, lo que somos, la carrera, aquello que amamos hacer, desde nuestra profesión hasta nuestros otros intereses que, de algún modo, nos producen una cuota importante de bienestar.

Dejemos fuera todo lo tóxico, desde las amistades y relaciones similares que nos producen disgusto, hasta las actividades laborales y profesionales que no nos provean una sensación de plenitud.

Definamos una visión de futuro realista, sostenible en el tiempo. Luces duraderas que iluminen un camino que, de por sí, siempre es incierto.

¡FELIZ 2020!

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