• Martha Alles

La “intencionalidad” en hacer bien las cosas

La “intencionalidad” en hacer bien las cosas, desde los pequeños detalles, como un camino para la mejora continua.



Las personas en general, al actuar en cualquier ámbito, laboral o personal, ponen en juego un conjunto de elementos. A lo largo del día se utilizan conocimientos y competencias, aún en los pequeños detalles.

En ese diario accionar, se pueden hacer las cosas de diferente manera: con mayor meticulosidad o bien, más a la ligera, con eficiencia, pensando en el otro, planificadamente (o no), de manera proactiva o reactiva, y los etcéteras que se deseen adicionar.

Relacionando la vida cotidiana con el desarrollo de competencias, para lograr resultados positivos se debe tener en cuenta cómo se hacen las cosas.

La forma de hacerlas nos lleva a considerar el siguiente concepto: Intencionalidad, en este caso, en el desarrollo de capacidades. Según el Diccionario de términos de Recursos Humanos, “intencionalidad” es el proceso interno de una persona que le permite tomar conciencia de que a través de una determinada actividad se pueden lograr ciertos objetivos –por ejemplo, el desarrollo de una competencia–.

De alguna manera se obtiene un "valor agregado" cuando la persona toma conciencia de que las diversas actividades que realiza pueden aportar a su desarrollo.

La misma obra -Diccionario de términos de RRHH- nos ofrece la definición de “mejora continua”: concepto que se refiere al conjunto de acciones realizadas de manera continua con el fin de lograr mejoras.

La definición, con un enfoque organizacional, hace referencia a que dicha mejora se hará efectiva tanto en productos y servicios prestados a clientes, como en procesos y métodos de trabajo.

En la vida cotidiana esa mejora continua se podrá evidenciar en los platillos servidos durante la cena, en la eficacia en la realización de una gestión de cualquier índole, en la planificación de la compra semanal, en la mejor manera de utilizar el tiempo libre y/o el disponible para compartir con la familia.

La vida personal incluye múltiples actividades, unas más obligatorias que otras, cada uno distribuye su tiempo según sus intereses y posibilidades. Dicha distribución es, además, variable. Dicha variabilidad obedece a múltiples factores, la edad, las etapas de la vida, entre otros.

Para completar la idea de esta nota, deseo introducir la intencionalidad en actividades que se realizan, quizá, con mayor involucramiento, como la práctica de un hobby o un deporte, la participación en tareas comunitarias.

Las buenas prácticas de Recursos Humanos proponen el autodesarrollo como un camino para el desarrollo de competencias. El autodesarrollo se puede realizar dentro y fuera del trabajo. Esta última variante incluye, entre otras, las actividades mencionadas: hobbies, deportes, etc.

El concepto de intencionalidad, expresado en párrafos previos, y aplicado aquí al autodesarrollo, se relaciona con aquel que se realiza dentro del trabajo o fuera de él.

A continuación, un ejemplo en relación con la intencionalidad aplicada al autodesarrollo de competencias fuera del trabajo. No obstante, el principio expresado, es de aplicación, también, al autodesarrollo dentro del trabajo y al desarrollo de conocimientos, en cualquier circunstancia.

Una persona practica un deporte desde hace años con excompañeros de estudios, fútbol, tenis doble, básquet, o cualquier otro. Hasta ahora, no ha tomado conciencia de que esa actividad puede ser un espacio adecuado para desarrollar una competencia. La lleva a cabo solo por esparcimiento, para propiciar una vida sana, para compartir gratos momentos con colegas.

Imaginemos que esta persona ha leído en un libro, ha consultado materiales organizacionales específicos para el autodesarrollo de competencias, por ejemplo, las guías para el autodesarrollo, y allí ha tomado conciencia que a través de una actividad como la que lleva a cabo es posible desarrollar la competencia Trabajo en equipo.

A partir de esta información podrá incorporar la “intencionalidad” y así potenciar la capacidad de aprendizaje y desarrollo de competencias.

En resumen, si en la vida cotidiana tomamos conciencia que la mejora continua es posible, tanto en las pequeñas acciones como en las no tan pequeñas, si realizamos con “intencionalidad” muchos de nuestros actos, ese desarrollo será posible.

Allí podría estar la oportunidad para mejorar.





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